Chocolates Muñoz

Packaging, 2015

Desde hace 160 años, Muñoz es sinónimo de chocolate.

A partir de su conocimiento del mundo del cacao ha creado una línea de ediciones limitadas, cada una con alrededor de 200 unidades. La idea combina los mejores cacaos de plantaciones de todo el mundo con productos locales como la almendra Marcona o el azafrán del Bajo Aragón. Un viaje a través de los años y la tradición, que recupera la figura de Florencio Muñoz, abuelo del actual maestro chocolatero, a través de iconografía y elementos comunes para todas las series.

El sabor del cacao depende del tipo de planta, de su origen, de la plantación donde se encuentra, del proceso de producción… Por eso, todos los chocolates deberían tener un sabor personal, distinto. Todos deberían tener una personalidad y una identidad única.

Con un planteamiento austero en el exterior y de riqueza en el interior, el producto se presenta en un envoltorio en cartón craft con un troquelado que imita la forma de las onzas del primer chocolate de la firma. Un elemento común para todas las series, que se distinguen del resto por una ilustración original a una tinta que evoca el viaje que realizó Florencio Muñoz a principios del siglo XX por todo el mundo para conocer los secretos del cultivo y el procesado del cacao.

El trabajo de modernización gráfica para Muñoz partió de la base de buscar una coherencia en todos los aspectos que rodeaban la marca. Sentadas esas bases, el diseño bailó al ritmó que marcaban las pruebas con variedades de cacao de Madagascar, Venezuela o Ecuador. Solo por el olor de esas pruebas, ya valió la pena el baile.